No escribes, ni hablas solo para ti.
Lo vuelvo a repetir, porque a mi también me sirve. No escribes, ni hablas solo para ti. ¿Ya?

Perfecto.

Si aún estás aquí llegadas a este punto, tras leer una verdad dolorosamente humana, es porque tienes interés en hacer algo de utilidad para las demás y conocer estos cinco consejos para adaptarte mejor a tu público.

Suele suceder que, tanto en entornos profesionales, como en entornos más sociales o colaborativos, cuando intentamos trasladar nuestro mensaje, perdemos de vista a nuestro público. No lo tenemos en cuenta. Sobre todo si nos entrevista la prensa o tenemos que dar una charla a gente que no conoce nada de lo que hacemos o pedimos. Así, nos encontramos a feministas hablando de ‘heteronormatividad’ o  ‘hegemonía císgenero’; y a los activistas por los derechos animales hablando de ‘opresión especista’ o ‘filosofía sensocentrista’. ¿Sabes de lo que hablo? Si no estás familiarizada con estos términos es muy probable que no lo sepas, pero da igual, porque si eres profesional, puedes encontrarte a ti misma diciendo que eres ‘coach de servicios integrales’ o ‘mastermind de un grupo de mentoring para gestión del talento’.  Haz la prueba. Si tienes abuelos o sobrinos pequeños, explícales algún concepto de estos, a ver qué cara te ponen.

Parece que una vez hemos adoptado un discurso que tiene sentido para nosotras, nos cuesta desprendernos de él para adaptarlo a quien tenemos delante.

Tenemos que adecuar nuestro lenguaje, nuestras palabras, en definitiva, nuestro discurso a la gente. A la gente no le gusta sentirse tonta. Si se hacen los tontos, entonces bien. Porque puede o no que lo hayan decidido, pero que tú, con tu discurso académico demasiado elevado, les hagas sentir como tontos, ahí entonces ya no.

Os cuento esto, porque a mi también me pasa y me lo recuerdo a menudo. Así que he dado con estos cinco puntos para trabajar esto.

 

 

1. Conoce a tu público

Cuanto más sepas a quién le vas a hablar, mejor. Y si es ‘al común de los mortales’ o ‘al conjunto de la población’, entonces sabes que tienes que poner en práctica el punto número dos.

 

2. Hazlo sencillo

La oratoria no está para confundir a las personas o para lucirnos nosotras. Sirve para comprendernos, para tejer puentes de palabras que nos lleven al entendimiento y a la emisión de nuestros mensajes con eficacia. Piensa en cómo le explicarías eso a un niño más pequeño que entendemos tiene menos conocimientos sobre la materia.

 

 

 

 

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3. Traduce

Si tienes que utilizar alguna palabreja, o algún concepto nuevo, explica seguidamente lo que significa. Sin excepción. Todas las veces. Incluído el nombre o siglas de tu ONG o empresa si no se entienden. Al menos la primera vez que lo digas, luego ya no hace falta estar repitiendo el nombre completo.

 

4. Haz preguntas

Para asegurarte de que han comprendido tu mensaje.  Gestiona todas las objeciones y dudas que puedan surgir en el momento. Si no tienes ocasión porque sean, por ejemplo, unas declaraciones a los medios, anima a la gente a que sigan investigando sobre el tema que hablas en internet o en tu página web.

 

5. Repite.

Si es un concepto nuevo o complicado: avisa lo que vas a decir, dilo y repite lo que has dicho, de maneras diferentes. Ayudará a clarificar y a que el mensaje se fije en nuestro público.

 

Ahora es tu turno, ¿qué dificultades encuentras a la hora de rebajar tu discurso?
Ya sabes que contesto a todos los comentarios, me gusta mucho saber de ti.