Lo hemos oído hasta la saciedad. Desde lo más educado: ‘la amabilidad es gratis’ a lo políticamente incorrecto: ‘la amabilidad no cuesta un puto duro’. Sin embargo, en internet, en este refugio de trolls y alimento de egos maltratados que creen que pueden utilizar los muros de las demás como desahogo de sus frustraciones y malicias varias, se dan cita todos estos elementos esperando cualquier pequeño motivo para hacer lo que mejor saben hacer: molestar.

Escribo para proponer que, este diciembre, en lugar de ser la mejor versión del Grinch navideño, sean cuáles sean nuestras opiniones acerca de esta época, nos comuniquemos mejor. De forma más eficaz. 

Ya no es solo porque no cueste un duro, ya que quejarse también es gratis. Y sí, sé que la amabilidad es lo que normalmente cuesta un esfuerzo para los que son quejicas patológicos. Pero es que el mundo no puede ser ese lugar mejor del que hablamos si estamos todo el día sacándole punta a lo que la gente dice. Insisto, al margen de opiniones, y críticas a religiones, política, etc. Todo eso puede, y debe, ser susceptible de ser criticado con argumentos, pero hay comentarios que te secan el alma. Palabras que hieren como puñetazos y malos entendidos que quedan sin resolver. Sin mencionar la imagen lamentable que proyectamos sobre las demás.

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Una mejor comunicación no es solo ser amable, es mucho más

Por eso, este diciembre, propongo el siguiente decálogo por una comunicación más eficaz:

1. Escuchar más y mejor

Sobre la escucha activa he hablado muchas veces. Es importante vaciar todo lo que puedas la mente. De prejuicios, opiniones y distracciones mentales que nos hagan presuponer cosas sobre la otra persona. Anima con tu comunicación no verbal a que te sigan contando. Hazte presente en silencio y presta atención a todo lo que oyes para poder escuchar mejor.

 

2. Asegurarnos de lo que hemos escuchado

Para ello viene genial reformular lo que nos han dicho y hacer preguntas para ver si entendiste bien. Recuerda, no vemos el mundo como es, sino como somos nosotras. Lo dijo Epicteto hace mil años ya, no es nada nuevo.

 

3. Practicar más la empatía

¿Qué haría yo si estuviese en su lugar?

Un ejercicio muy común pero que, cuando discutimos o nos afecta algo personalmente, solemos descuidar. Intentemos incorporarlo más a todos los ámbitos de nuestra vida. Sí, también con ese primo pesado que no aguantas o con tu jefa, que es una soberbia.

 

4. Si eres hombre, deja el mansplaining y el manterrupting para siempre

Pocas cosas hay más machistas en el ámbito de la comunicación que un señor haciendo las veces de apuntador de lo que acaba de decir su colega, no vaya a ser que no se entienda si lo explica ‘la morena’.  ¿Y qué me decís del chaval que siempre interrumpe a sus compañeras a la mínima oportunidad? En serio, revisad estos micromachismos porque se dan, y mucho, en la vida cotidiana. No penséis que por consideraros a vosotros mismos feministas, ya lo sois siempre. Es muy fácil caer en viejos y anacrónicos comportamientos. Haced un ejercicio de sinceridad con vosotros y respetad a las mujeres cuando hablan o cuando pausan para pensar o coger aire y seguir charlando.

 

5. Pensar dos veces antes de hablar

Para ello, podemos aplicar este filtro: ¿es inspirador? ¿es útil? ¿es necesario? En definitiva, ¿lo que vas a decir es más valioso que el silencio? Si no lo es… mejor que te pongas a hacer otra cosa.

6. Ahorrar en negatividad y en queja

Sin perder nuestro espíritu crítico, por favor. Considero importante que no hagamos de los demás, de su tiempo y su valor como seres humanos, un cubo de reciclaje donde depositar toda nuestra basura mental. Si es la otra persona la que se queja a menudo, hazte un favor a ti misma y pasa menos tiempo con ella.

 

7. Usar el humor como arma infalible

 

Ríete de todo lo que puedas y, sobre todo, ríete de ti. Es un ejercicio sanísimo y ayuda a desprenderse de todo lo que nos impide vernos cómo realmente somos: seres humanas con fallos y que cometerán errores. Quizá puedas coger las quejas que tengas, apuntarlas en un papel e intentar contraargumentarlas hasta llevarlas en una reducción al absurdo.

 

8. Never feed the troll

Pero nunca. Que se alimente de otra, de verdad. ¿Vienen a tu página a molestar? Borras y bloqueas. Comentarios destructivos, que no aportan nada y solo quieren dejar claro lo listisisisimos que son ellos, no tienen cabida ni en tu mundo, ni en tus redes.

 

9. Dejar de lanzar mensajitos velados en redes para atacar a gente

Esta es una de mis favoritas. ¿Sabéis a lo que me refiero? Esos mensajes velados en redes que son de justicia ante las afrentas, de don Quijote contra los molinos de viento, de grandes arengas militares contra los invasores… y que, por supuesto, no dicen el nombre de la persona a la que van dirigidas. Porque lo que prefieren es que se entere su comunidad y que les pregunten por privado: ‘ay, cuenta, cuenta, ¿quién te hirió tanto y tan grave que lo vamos a poner a parir?’.

Muy valiente todo y muy adulto. Aplausos. Si tienes un problema con alguien, resuelve directamente con esa persona y en privado si puede ser.

 

10. Por favor, gracias y lo siento. Nunca pasarán de moda

Yo entiendo que el sistema educativo que tenemos es limitado pero se suele decir que la educación es eso que recuerdas cuando ya has terminado el colegio. Intentemos que estas mágicas palabras no estén entre la cantidad de fechas históricas y símbolos matemáticos que ponemos en el baúl de los recuerdos de nuestra mente. Son, como la amabilidad, gratis y pueden marcar la diferencia entre hacer fluir la comunicación o comenzar con muy mal pie.

 

Esta es mi propuesta para este diciembre que, por supuesto, también me pienso aplicar.

 

Si tienes algo que añadir, déjalo en comentarios para que lo leamos todas y podamos añadirlo a nuestro decálogo de ‘por una comunicación más eficaz’.

 

¡Hasta la próxima! Feliz diciembre.

 

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