Rechazar
  1. tr. Denegar algo que se pide.

 

¿Cómo enfrentarnos al rechazo en nuestra vida?

 

Si me habéis leído en alguna ocasión, ya sabréis que siempre intento no disociar lo personal de lo profesional, no porque no crea que son dos esferas separadas – que lo son-, sino porque confío en que estéis embarcados en proyectos en los que os guste implicaros. No concibo una vida en la que el trabajo por cuenta ajena ocupe un tercio de nuestros días donde estemos alineados con unos principios que ni compartimos, ni nos interesan. Si este es tu caso, no sé si lo que tengo aquí es para ti.

 

Por lo tanto, partimos de la base de que tanto en cualquier rechazo personal como profesional, habrá unas bases que harán las veces de denominador común. Sobre todo porque duele. Que nos nieguen algo que queremos o deseamos hace tambalear los cimientos de quienes somos en mayor o menor medida.

 

¿Qué sientes cuando un cliente potencial te dice que lo siente pero no eres tú a quien está buscando?
¿Cómo te sienta cuando tu proyecto no es publicado en medios?
¿O cuando tus compañeras no te invitan a un evento?
¿Qué pasa cuando tu socia te deja y te dice que se termina vuestra colaboración?
¿No son emociones parecidas a las que experimentas cuando rompen contigo o la persona que te gusta te dice que no?

 

Nadie es inmune al rechazo, da igual lo mucho que se racionalice y el contexto en el que te encuentres. Sobre todo porque solemos entender lo siguiente: ‘si no me elige a mi, es que se ha ido con otra’. ‘Si no me contrata a mi, es que otra persona ha conseguido el puesto’. Y todo esto es, cuanto menos, incómodo de gestionar.

 

Lo más probable es que ante una situación así, una persona sienta muchas emociones a la vez. Es normal. Vamos a enumerar todas las  sensaciones que, según la neurociencia, el rechazo provoca en nosotras:

 

  • Tristeza
  • Enfado
  • Frustración
  • Confusión
  • Inseguridad
  • Vergüenza
  • Resentimiento
  • Dolor o malestar físico relacionados con esas emociones

 

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La doctora Carmen Harra, psicóloga clínica, resume en estos puntos cómo lidiar con el manejo del rechazo con éxito:

 

  • No te lo tomes de forma tan personal. Con respecto a esto, quiero recuperar también este artículo que salía en la sección de BuenaVida de El Pais, sobre los enfados de otras personas: ‘No es nada personal’.
  • Realmente no eres tú. Es muy probable que esa empresa, blogger o pareja, te haya rechazado por sus propios motivos, miedos, prejuicios, etc. Vemos el mundo como somos, no siempre por cómo son los demás o por lo que podríamos aprender de ellos.
  • Pasó por una razón mayor. Según esta doctora, hay cosas que simplemente tienen que pasar porque hay algo mejor aguardando. Quizá ese contrato que te parecía tan bueno, no lo era y llegará un cliente mejor.
  • No es un dolor nuevo. Todo esto ya lo hemos vivido en nuestra infancia. Esto puede actuar como un rayito de esperanza cuando somos conscientes de que ya hemos sido capaces de superar el rechazo incluso en momentos en los que éramos aún más vulnerables.
  • Realmente se lo pierden. Aquí la doctora nos propone hacer una lista de nuestras virtudes y un baño de amor propio que nunca viene mal.
  • Una oportunidad para evolucionar. ¿Qué es lo que puedes mejorar? Es momento de desprenderte de tu ego, sin caer en el victimismo, y hacer un ejercicio sano y sincero de autocrítica. ¿Qué es lo que has aprendido de todo esto?

 

A mi me gustaría añadir los siguientes puntos basados en mi experiencia personal:

 

  • Pide información: quizás haya algo que se te haya escapado y que pueda ayudarte a mejorar.
  • Tienes derecho a exigir honestidad en tus relaciones. Incluso en las más superfluas y comerciales.
  • Háblalo con las personas que necesites.
  • Cuando estés preparada, cuéntalo en clave de humor. Lo que te dices acerca de lo que te sucede importa mucho.
  • Identifica responsabilidades. De todo lo que ha sucedido ¿qué estaba en mi mano cambiar y qué no?
  • Date el tiempo que necesites para lamerte las heridas. Prepara un día o una tarde solo para ti haciendo lo que más te guste.
  • Prueba a cambiar el foco: quizás sea ayudar más a los demás, si hace tiempo que no lo haces; quizá sea preocuparte más por ti.
  • No dejes que sean las negativas ajenas las que te definan. Intenta las veces que haga falta aquello que quieres para ser feliz.

 

Para terminar, he encontrado cuatro pasos en los que la neurociencia, de nuevo, nos ayuda a ser más felices.

Me ha sorprendido mucho aprender que es tan fácil caer en la culpa y en la vergüenza porque activan el mismo sistema de recompensa del cerebro que otros estímulos más positivos. Aunque antropólogas o sociólogas me dirán que la culpa o la vergüenza son construcciones sociales, parece que, sea o no una construcción social, biológicamente la neurociencia tiene muy claro dónde se sitúan estos mecanismos en nuestro cerebro y lo que podemos hacer para ayudarnos a ser un poco más felices lidiando mejor con el rechazo.

 

1.Hazte la siguiente pregunta: ¿Por qué estoy agradecida?

Los agradecimientos disparan dos neurotransmisores (serotonina y dopamina) que nos ayudan a sentirnos mucho mejor. Sería muy positivo si hicieras una lista de todas las cosas buenas que tienes en tu vida y si te apetece, te dedicases a enviar mensajes positivos y de agradecimiento a esa gente que adoras y que hacen más fácil tu vida.

2.Ponle nombre a tus sentimientos negativos.

¿Qué tendrán las etiquetas que tanto amor-odio despiertan en nosotras? Pues ahora son más que necesarias. ¿No sabes lo que sientes? El Emocionario, un libro educativo pensado para niños pero que es muy útil, te ayudará. Cuidado con suprimir esas emociones. De acuerdo con este mismo artículo y los estudios consultados, negar nuestras emociones estimula aún más el sistema límbico y es perjudicial a la larga.

3.Toma decisiones.

Es increíble saber cómo la determinación por tomar uno u otro camino en la vida nos ayuda a reducir la preocupación y la ansiedad. Normalmente nos da tanto miedo decidir por lo que las economistas conocemos como ‘coste de oportunidad’, aquello a lo que se renuncia cuando se toma una decisión. Un coste que, por cierto, nunca suele ser tenido en cuenta en la toma de decisiones pero que ayuda a que éstas sean mucho mejores.

¿Cómo elegir? Basta con hacer una decisión lo suficientemente buena. La perfección tiene un coste demasiado alto para nuestro cerebro.  Si, además, tomas un camino concreto para conseguir algo, y lo consigues… la sensación de recompensa y bienestar es mucho mayor que cuando las cosas buenas simplemente ‘nos pasan’.

4.Contacto físico.

En el estudio dice con gente, pero ya sabéis que los animales también son gente. Así que si vivís con animales, achuchadles fuertecito. Esto conecta con la sensación de ‘dolor físico’ que experimentamos cuando el rechazo nos golpea aliviando el malestar. ¿No vives con animales? Abraza a tu pareja, a tus padres, amigas o  dale una sorpresa a tu abuela. ¿Eres más bien una persona solitaria y no te gusta el contacto social? Date un masaje. Hay profesionales que te harán sentir de maravilla y olvidar el dolor y el estrés durante un rato. También puedes darte el masaje tú.

 

A estas alturas del post te habrás dado cuenta de que no hay un solo punto o consejo para que influyas en la decisión de la otra persona. Ni persuasión, ni coacción: aceptación. Al fin y al cabo, madurar es saber que solo nosotras somos responsables de nuestra propia felicidad y, en este caso, de una gestión exitosa del fracaso temporal que supone saberse rechazada.

¿Y tú? ¿Qué tal te gestionas el rechazo?