Tras el debate electoral a cuatro de anoche, pudimos ver cómo – una vez más- la comunidad LGTBQ fue utilizada con fines políticos. Los cuatro candidatos comenzaron haciendo alusión a la matanza de Orlando y expresando sus condolencias a las víctimas. Era especialmente arriesgado en el caso de Rajoy cuyo partido se ha cansado de llamar a las puertas del Tribunal Constitucional para derogar la ley de matrimonios homosexuales. Esa misma ley que nos iguala y reconoce nuestros derechos y que permitió también a Maroto, vicesecretario sectorial del PP, casarse con su esposo el verano pasado.

Gerardo Tecé boda MarotoA estas alturas ya tenemos todas claro después del debate del 13-j que han sido los equipos de comunicación respectivos quienes aconsejan y controlan que todo salga según lo que cada candidato con su partido decida. Desde la ropa que se van a poner, con lo que también había cachondeo en Twitter, hasta los comentarios en redes o este tipo de frases de apertura del discurso. No digo que no las sientan, solo hago hincapié en que está todo estudiado al milímetro.  Aquí entran en juego la política, estrategias de psicología o aspectos de la sociología, como la demoscopia, entre otros. A partir de ahí, serán los equipos de comunicación los que se encarguen de asegurar que se siguen esas estrategias políticas y de que se vean bien reflejadas en la comunicación de cada candidato.

Una vez esto está decidido, se ponen en contacto con los medios de comunicación para que se encarguen de organizar lo demás. Los docentes del máster en comunicación que hice son, en su mayoría, quienes organizan estos debates electorales.

vestimenta debate 13j

Y es aquí donde quiero ir desde lo personal hasta lo político en materia de comunicación personal.

En una de mis primeras clases, un profesor, periodista de profesión y ahora dedicado al mundo de la comunicación corporativa, nos comentaba que él le recomendó a un candidato, mientras preparaban una intervención, que no hiciese ningún comentario homófobo porque se le podía volver en su contra. Me revolví en mi asiento. Alcé la mano sin ningún tipo de pudor y le pregunté si no creía que para quienes somos “gays, lesbianas, bisexuales o transexuales” eso es una ofensa igualmente: pretender ser quien no eres solo con fines electorales. El profesor salió del paso con su respuesta y aquí se quedo la cosa. O eso pensé yo.

Tampoco me sorprendió cuando me llamaron al despacho del director del máster para comentar lo sucedido. Este otro señor, tras dejar bien claro que siempre hay que tener tacto,  tema en que no puedo quitarle razón, me preguntó que por qué había que exponer mi orientación sexual en clase. Le respondí que no estaba ‘alardeando’ de nada, que cuando menciono a un colectivo al que pertenezco puedo utilizar la primera persona del plural si me siento identificada con lo que digo. Y le pregunté: “¿o es que usted no diría los hombres somos tal o cual?” Entonces, tras haber fallado su argumento sobre el tacto, mi pregunta no era ofensiva por mucho que aquel profesor se hubiera cabreado, me sacó el argumento del contexto.

¡Ah, el contexto! Cuántos malos entendidos y cuántos problemas en comunicación por no entender el contexto. ¿Queréis saber cuál era el contexto? Sencillamente que en mi clase había gente de la República Dominicana, muy católicos ellos, que éramos la primera promoción y que yo, además, trabajaba como becaria en el departamento académico para poder cubrir los costes del máster. Ese era el contexto. Parece que iba muy en la línea de aquellas declaraciones de Esperanza Aguirre:

Yo hubiera hecho la misma ley sin llamarle matrimonio, porque la palabra matrimonio, creo yo que es un poco meter el dedo en el ojo a los católicos, y sin embargo los mismos derechos y libertades se hubieran podido dar con otro nombre- Esperanza Aguirre

Nunca entendí como ese contexto (no olvidemos que también hablamos de Madrid, año 2014) me forzaba a tener que esconderme. A no poder ser yo misma. Cuando comencé el máster salía con una chica y siempre pensé en lo guapas que íbamos a ir las dos a la graduación y en la ilusión que me hacía poder ir con ella. Lo nuestro se terminó antes de terminar el máster pero tampoco fui a mi graduación. ¿Cómo iba a celebrar yo ahí de pie la hipocresía social con respecto a este tema? Esa hipocresía que se resume en “que hagan lo que quieran, mientras yo no lo vea”.

Demostramos mucha más valentía política cuando nos permitimos ser, que muchos de los candidatos que anoche no se olvidaban del contexto y cumplían con lo que sus equipos de comunicación les habían dicho que tenían que hacer.

Así es como creo que sí que hubo tiempo para mencionar a las víctimas de Orlando pero no hubo tiempo para lo demás.

Para, por ejemplo, mencionar medidas concretas contra la homofobia que tiene libertades para campar a sus anchas en nuestro país. ¿Por qué no dedicaron ni un minuto del debate a hablar de las 64 agresiones homófobas que han denunciado el Observatorio Madrileño en lo que va de año? ¿O para condenar las declaraciones del arzobispo Cañizares que incitan al odio?

O para hablar de violencia de género, que fue una de las ausencias más bochornosas de la noche. Nos están masacrando, literalmente, y estos señores se permiten el lujo de no dedicar ni 22 segundos a la violencia de género. ¿Por qué los periodistas que moderaban el debate no insistieron más en la petición de su compañera Ana Blanco? ¿Por qué dejaron que Rajoy o Rivera se fueran sin contestar?

Amar es combatir, si dos se besan el mundo cambia – Octavio Paz

La comunicación también son gestos. Los asesores de Sánchez lo saben muy bien cuando le colocaron ayer la pulserita arcoiris, símbolo queer por excelencia.

Todo comunica, cada gesto cuenta y expresa una idea, concreta o abstracta, sobre nosotras. Nuestra manera de movernos, de hablar y de gesticular dice mucho de quienes somos y de qué lugar ocupamos en este mundo.

Comunicación personal y voluntad política confluyen cuando besas a tu mujer en público y no os escondéis, cuando subes esa foto tras tu operación luciendo cuerpo nuevo y cicatrices en la playa o cuando decides explicarle a tu jefa que tienes una relación con varias personas a la vez porque hace tiempo que renunciaste a la monogamia.

Esos son los gestos valientes que reconozco en mis amigas y amigos, en todas las personas que estuvieron en ese club en Orlando y en aquellas que viven en todos los países donde ser queer es un delito.

Así que hacedlo, por favor. Decid alto y claro quienes sois y ocupad vuestro lugar en el mundo. Seguid luchando hasta que el amor deje de ser un gesto político y nuestra mera existencia un acto de rebeldía.

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Homenaje de la asociación Arcópoli a las víctimas de la masacre de Orlando. Más en su Twitter.

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