No sabía si titular a este post así, de esta forma tan tajante. Pero es que no creo, sé que tienes un problema con tu competencia. Y si no lo tienes ahora, en algún momento lo tendrás.

La competencia es sana porque vivimos en una sociedad de libre mercado (economía mixta lo llaman) donde la libre circulación de bienes y servicios facilita la apertura de negocios y evita monopolios donde los consumidores no tienen ningún poder: estan a merced de la única empresa que se haga con el control de X servicios o bienes.

Una vez hemos entendido esto, creo que es el primer paso, vamos a pasar a los dos casos prácticos de dos clientas- que son dos amores-  reales.

He trabajado poco aún con las dos, pero me flipan sus proyectos y tienen más en común de lo que se imaginan.

Susana, de Mi Barquito de Palet

A Susana la conocí gracias que nos unió el linfoma de mi perra. Entre unas cosas y otras, un día terminamos hablando más por Instagram y se animó a hacer una consultoría conmigo.

Mi Barquito de Palet

Susana es la capitana mayor de “Mi Barquito de Palet” una empresa que, como imagino tú, ha montado desde sus cimientos. Con todo el mimo y el curro que supone dar forma a algo.

Trabaja mucho y, como suele pasar en redes sociales, el éxito real que tiene, es menor del que se ve. Es mucho trabajo y son muchos gastos para sacar adelante un proyecto. Pero aún así, ahí sigue. Como una titana.

Ella misma diseña las telas de los cojines, recicla, corta y monta palets hasta darles forma en estas bellezas de las fotos:

Mi Barquito de Palet

Comederos, camas, cojines, percheros y otros productos que Susana hace con sus propias manos. A mi esto siempre me ha impresionado mucho porque mi abuelo era tejedor en la Real Fábrica de Tapices, mis abuelas bordaban y una querida amiga mía es orfebre. El trabajo artesano es tan duro como gratificante. Y hay que pagarlo.

Mi barquito de palet

¿Cómo os sentiríais si todo este curro de estos años os lo copiaran de la noche a la mañana?

Este ha sido el caso de Susana. Y no una sino tres empresas, parece que se han inspirado en Susana, por decirlo de una manera suave. Para mayor escozor: estas empresas salen en medios, tienen colaboraciones con famosas y parece que tienen mucho más éxito que Mi Barquito de Palet.

Una de ellas es exactamente el mismo concepto:

  • Palets reciclados
  • Telas a elegir
  • Productos personalizados

Lo de hechos a mano…eso ya estaría por ver. ¿Es plagio o no? Eso ya depende de vuestra mirada crítica y desde luego, de la sentencia de un juez ya que Susana tiene su marca registrada. Si merece la pena meterse en juicios o no, eso ya es otro tema.

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En palabras de Susana:

Esto me lleva amargando un año entero

Que puede ser coincidencia, inspiración o que las musas te hayan venido a visitar por gracia divina… pero el caso es que a Susana, hacer esta madera para gatos con forma de ballena:

Mi Barquito de Palet

Y luego ver en internet malas copias, le daba mucha rabia.

copia de mi barquito

¿Qué me decís de esta otra?

mi barquito de palet

Mirad la original de Susana:

Mi Barquito de Palet

Eva, de Kia Ora Jabones

A Eva también me la ha traído la vida hace poquito. Tras décadas de formación en cosmética natural,  emprender con tan solo 20  años y formarse en el extranjero,  hacia jabones tan bien, que comenzó a dedicarse a ello fundando Kia Ora.

Inspirando sus jabones en viajes, experiencias y recuerdos. Cada creación tiene un poquito de Eva.

Eva Kia Ora Jabones

Cuando te llega el paquete a casa, alucinas. Tu pedido llega rápido y llega bien. Los olores son lo primero que te llama la atención cuando abres el paquete. La nota personalizada que te explica la historia de Kia Ora, el origen de su nombre. Cómo están envueltos. Los nombres que tienen… todo.

Además, son jabones hechos con aceite de oliva, que no llevan aceite de palma u otros productos que no sean naturales, ni testados en animales. Una apuesta por las cosas bien hechas.

Kia Ora Jabones

Eva me decía:

Ya sé que no es personal, pero me da la sensación de que se están comiendo todo el pastel y me siento muy impotente

Kia ora Jabones

Estos sentimientos de rabia, frustración e impotencia, son muy comunes cuando nos ponemos a analizar a nuestra competencia. Sobre todo en caso de que te hayan copiado. Si simplemente son mejores que tú, aparecerá la envidia, que es difícil de gestionar pero no imposible.

Son todas emociones muy humanas así que ¿qué podemos hacer con ellas? Primero: sentirlas y ponerles nombre. Pararse a pensar cómo nos sentimos y por qué estamos así es un ejercicio muy sano. Después, hacer un ejercicio de reflexión. Lo plantearía como lo hice con ellas, a través de las siguientes preguntas:

  • ¿Estás haciéndolo lo mejor que sabes?
  • Con los recursos de los que dispones, ¿estás dando el 100% de ti?
  • ¿Hay algo que tu competencia tenga que tú quisieras tener? ¿Qué es?

Con el corazón en la mano y sinceridad a bocajarro, tienes que responderte esto y, a partir de ahí, tienes dos opciones. Si no estás dando el 100% de ti y hay cosas que puedes mejorar, utiliza esa rabia como motor para ponerte las pilas y seguir aprendiendo. Si de verdad crees que ya está todo hecho por tu parte y que no puedes dar más de ti, entonces tienes que seguir trabajando como una hormiguita y tener paciencia para ver los resultados que te mereces.

En cualquiera de los dos casos, es muy positivo que sepas bien cuáles son las virtudes de tu negocio y las potencies. Porque, nena, no hay nadie como tú 😉 Es imposible, por muchas copias que salgan, que otra persona o negocio consiga tener tu esencia.

¿En qué te vas a querer diferenciar?

No te aconsejo NUNCA diferenciarte en precios. Terminas devaluando tu trabajo, tu valor y el de todo el sector.

Puede ser en una atención al cliente exquisita.

Quizá tengas un servicio postventa que sea un auténtico lujo.

O puedes diversificar, como ha hecho Susana, quien se ha aliado con otra súper artesana que es la ilustradora “La Chica de la Cinta” y han hecho estas camisetas TAN monas inspiradas en el gato que Susana ha rescatado hace poco, ese último grumete de ese barquito especial.

La chica de la cinta y Mi Barquito de Palet

Si la competencia de Susana quiere copiar esto, igual hay un par de gatos que se ven beneficiados si es que les rescatan también. Pero al final, las copias no duran. Quienes son realmente tus clientas ideales, sabrán valorarte por lo que eres si tú lo pones de relieve en toda tu comunicación.

Y si has llegado hasta aquí y piensas, ¿y a mi esto de qué me sirve si yo soy una empresa de servicios? Pues tengo el ejemplo perfecto para ti.

Centro Aleris

En el pasado curso en Madrid de “Comunica y Emociona”, estaba Lucía Martínez del blog “Dime que comes” y le puse como buen ejemplo de lo que hay que hacer. Lucía abrió el Centro Aleris, si no me equivoco, con Aitor de “Mi Dieta Cojea” y Bárbara Sánchez, la nutricionista del equipo femenino del Atlético de Madrid. Hace ya seis meses y en pleno Madrid, con lo arriesgado que suele ser abrir algo con muchos costes fijos, y no solo les va bien, sino que creo que pueden ser la definición viva de “petarlo fuertecito”.

¿Por qué?

Porque en lugar de pensar en sus competidoras como la competencia, las han fichado. Así de simple.

¿Para qué tener un equipo chiquitito de gente brillante pudiendo tener un gran equipo con los mejores?

Centro Aleris

Esto no aplica a todos los casos, está claro. Pero que es una buena forma de ilustrar que es mejor una economía colaborativa que una competitiva cuando la situación lo permita.

El verdadero problema que tienes con tu competencia es que mientras inviertes tiempo en fichar lo que están haciendo y en obsesionarte con lo que ellos consiguen y tú no, te pierdes la única variable de tu negocio que hace que mantenga el alma y que puedes, mejorar, controlar y disfrutar: tú.

¿Cómo llevas tú esto de la competencia? Déjame un comentario para que charlemos.

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