Escribir este post no va a ser nada fácil. Nótese desde un principio, por favor, que digo comunicar CON y no comunicar LA. No quiero tanto hablar de cómo podemos identificar los signos de depresión, qué es la depresión o de qué está hecha, tanto como me gustaría poder hablaros de lo que es dedicarse a un trabajo de comunicación y seguir trabajando a pesar de la depresión. Quiero también hacer hincapié que este post no es una consulta de nada, apelo a vuestro sentido crítico en todo su esplendor para que podamos encontrarnos en este texto como lo que es: la vivencia en primera persona de algo que me ha tocado transitar. Ni más, ni tampoco menos.

La definición que da la OMS de la depresión, para que tengamos un marco común donde movernos, es esta:

La depresión es un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración.

Afecta a más de 300 millones de personas en el mundo. Dejo un momento que el dato se asiente. ¿Lo tenéis ya? 300 millones de personas en todo el mundo. También se acaba de publicar un artículo en la revista científica “Clinical Psychological Science” en el que se evalúa el lenguaje de personas con depresión. Tanto las cuestiones de fondo (qué decimos) como las cuestiones de forma (cómo lo decimos). Sus dos hallazgos principales son los siguientes:

  • Los pronombres personales: la gente con depresión estamos más centradas en el “yo”, por lo que utilizaríamos menos la primera persona del plural para hablar de experiencias como consecuencia de sentirnos menos conectadas a los demás. Lo curioso de este estudio es que los pronombres han sido aún más fiables para diagnosticar una depresión que las palabras asociadas a la tristeza o las palabras de carga negativa.
  • Los términos absolutos: palabras como “siempre” “nunca” “todos” “ninguno” etc. son incluso aún más fiables que los pronombres o las palabras negativas para medir la depresión. Es como si viéramos el mundo en blanco y negro. Hastaluegomaricarmen a los matices.

Esto es algo que se ha ido estudiando también a través de casos de famosos que se han suicidado tras tener una depresión como Sylvia Plath, con quien tanto me identifico últimamente, o Virginia Woolf y Kurt Cobain en sus libros y letras de canciones.

He de decir que, en mi caso, la primera en mencionar la palabra “depresión” en mi entorno fue mi queridísima amiga Alicia. Alicia me conoce desde hace 16 años y es licenciada en psicología. Sus palabras exactan fueron: “bueno, es que hay depresiones muy funcionales”. Y con eso me quedé, con la copla en la cabeza. ¿Podría ser que, además del duelo y el proceso de estos dos años de pérdida (una ruptura, una muerte y tres duelos- ya sé que no salen las cuentas, pero es así) tuviera algo más profundo que se estuviera manifestando? Parece que así era. Aunque con mi psicóloga, Esther Benegas de Izada, hemos convenido en seguir un poco más sin tener que medicar, por motivos que no voy a exponer ahora y que pertenecen a la privacidad de mi proceso con mi terapeuta. El disclaimer necesario: no tengo absolutamente nada en contra de la medicación cuando un profesional así lo valora. Insisto en que esto es mi caso particular, con todos sus matices y que confío al 100% en la terapia que estoy haciendo y las decisiones que entre paciente y terapeuta estamos tomando.


No quiero exponerme más con los pormenores de mi historia, ni explicar bien del todo por qué estoy en una situación así, ya que esto es objeto de la terapia que llevo siguiendo ya desde hace un año y tengo la sensación de que tras todo lo acontecido, tengo material para libro. Así que vamos a la comunicación, ¿cómo he ido expresando este estado en el que me encuentro y cuáles son las diferencias que más he notado a la hora de hacer mi trabajo como consultora, profesora o escritora?

Y lo vamos a ir ilustrando con algunos tweets.

Al ser autónoma, soy mi propia jefa y mi última responsable de todo. Cuando hay tanto trabajo acumulado porque no puedes hacer más y la tristeza se amontona tanto como las facturas: ¿cómo seguir?

También hay algo fundamental en la profesión de quienes nos dedicamos a ayudar a las demás a mejorar su comunicación personal o de empresa, o a contar historias en los medios como periodistas: nuestro estado de ánimo puede afectar por partida doble a nuestro trabajo. ¿Cómo vamos a comunicar con alegría el lanzamiento de un producto de un nuevo cliente si lo que queremos es meternos bajo el edredón y desaparecer- literalmente- del mapa?

¿O cómo conseguir ajustarse a los plazos y entregar los textos a tiempo si la pérdida de foco y la sensación de que en tu cabeza hay todo el rato una neblina, están más presentes que nunca?


PS: ya sé que es “is a fog” y no “it’s” pero una de las cosas que más he notado en estos años es la pérdida de concentración aguda.

¿Y cómo sentarte a escribir un artículo para medios donde los otros animales sufren tanto que te hacen sentirte avergonzada por estar pasando por algo que en realidad tú no controlas?

No quiero alargarlo más, pero este proceso es más extenso que esto. He ido incluso haciendo una recopilación de palabras que he ido repitiendo en mi vocabulario (muchas de ellas hacen referencia a esos términos absolutistas de los que habla el estudio), apuntando frases concretas para los ratos de terapia y tengo un pequeño balance de lo que en mi lenguaje verbal ha ido transmitiendo la depresión. Desde luego, también podríamos analizar la comunicación paraverbal y la no verbal, pero se nos extendería mucho este post y quiero pasar a las acciones concretas que he ido llevando a cabo para sortear como he podido, los obstáculos de estos meses en un camino muy empinado.

Son esos “truquitos” que he ido descubriendo que me ayudan a seguir y que comparto con la esperanza de que a alguien más les sirvan. Porque a pesar de todo: de la exigencia altísima que me paralizaba, del miedo al fracaso, de la pérdida de ilusión, de las ganas de dormir hasta que acabemos con la opresión en el mundo (hipersomnia)… a pesar de todo, e incluso a pesar de mí, he seguido. He seguido porque había que seguir. Las autónomas tampoco podemos darnos el lujo de coger una baja y, si como es mi caso, pagas un seguro de accidentes, ni con una depresión diagnosticada te van a dar cobertura: la salud mental es menos salud para muchos.

Insisto, por si acaso hay alguna despistada, ninguno de los puntos que doy aquí son sustituto ni tratamiento de una opinión médica especializada. Son aquellas cosas que me han ido ayudando en mi día a día. Las terapias probadas, siguiendo el método científico, que The National Institute of Mental Health de los Estados Unidos recomienda las tenéis aquí. En mi caso sigo psicoterapia y el resto son apoyos.

1.El humor

Solo el humor (y el amor) nos salvarán de la vida. Ya sé que cuando una está en un estado así, dan menos ganas de reír. Por eso también me obligo todos los días a verme algo divertido: Late Motiv, Mr. Avelain, Bob Pop, La Resistencia, Ellen Degeneres, Ricky Gervais, Amy Phoeler, etc. y volver a ver capítulos sueltos de Paquita Salas, Friends, New Girl, Modern Family, Simpsons, The It Crowd, Black Books… casi todas las películas animadas (tenéis que ver PETS o Despicable Me) y las de Mel Brooks. ¿Alguien más que os haga reír a carcajadas y deba conocer?

Hay un estudio en el que la risoterapia puede mejorar la calidad de vida en pacientes que sufren depresión y ansiedad, además de cáncer, os dejo el enlace aquí.

2. Las rutinas

Cuando hemos perdido la vitalidad, hacer tareas que en otro estado mental te parecerían fáciles y automáticas, pueden convertirse en todo un reto. Por eso las rutinas saludables son tan importantes: le evitan el cansancio de la toma de decisiones a nuestro cerebro, y podemos concentrarnos en lo que realmente tengamos que hacer ese día. También nos ayudan a lidiar con la sensación de incertidumbre: tenemos algo seguro a lo que agarrarnos día a día. Mi rutina favorita es hacerme la cama, limpieza facial mientras se hace el café y prepararme desayunos sin prisas. Me gusta leer mientras desayuno, escuchar algún podcast o ponerme música suave para ir despertando.

 

3.El deporte

Resumiros todos los beneficios que tiene el deporte a nivel de salud mental, también daría para libro y no me corresponde a mi ilustraros con esto. Sí es cierto que en mi caso puedo asegurar dos cosas: la escalada me está ayudando desde hace ya más de un año y medio como pocas otras cosas lo hacen; y tras hacer ejercicio los beneficios son inmediatos: tengo una ventana de un par de horas de mayor concentración, mi humor mejora y la ansiedad desaparece casi siempre. Tanto es así, que me he animado a escribir un artículo para la revista Sportlife para quienes, como yo hace poquito, comencéis en este apasionante deporte y os animéis a probar. También hago yoga en casa y me ayuda a controlar la ansiedad. Además, es el mejor complemento para la escalada.

También os dejo lo que dice la OMS sobre la actividad física y la depresión aquí.

4. Las frivolidades

Desde el maquillarse y buscar algún color alegre en el armario, hasta hacerse la manicura o ir a darse un masaje. También me he permitido hacer alguna actividad que en otros momentos me hubiera negado y avergonzado porque quienes estamos en el mundo de la manera en la que estaba yo (activismo y justicia social), no nos permitimos estas mierdas. Bueno, pues sí. Y sin dar más explicaciones más allá de porque he querido compartir ese momento absurdo con la gente que más quiero. O porque me quiero dar un mimo.

5. El pertenecerse

Escribir, escribir, escribir. Al final es donde mejor me siento y donde puedo ser más yo. Donde no me da miedo nombrar las cosas en alto o donde puedo llegar a ser injusta con los demás, porque así lo siento, para después corregirme a mi misma sin miedo a hacer el ridículo. Si, además, le añadimos a escribir, ese puntito de frivolidad y nos compramos cuadernitos nuevos, así como megacuquis, pues mejor que mejor.

6. La musicoterapia

Tengo la suerte de conocer a Alessia Fattorini: licenciada en derecho, activista por los derechos de los animales, concejal del ayuntamiento de Navacerrada, profesora de piano y del Máster de Musicoterapia de la UAM y miembro de la Federación Española de Asociaciones de Musicoterapia. Alessia es amiga y siempre me ha hablado de los beneficios cognitivos que tiene la música en nuestras vidas. Quizá el mejor ejemplo sea el músico británico James Rhodes, ahora hijo de adoptivo de España y creador de grandes frases como “doble coño” cuando algo le disgusta, quien habla en su libro “Instrumental”, editado por la bella editorial Blackie Books, que la música ha sido el motor principal en su vida. Una vida marcada por los abusos sexuales en su infancia. Un libro duro, terrible y bello, como todo lo que el ser humano toca para destruir. Aunque en cualquier lugar donde impere el caos siempre se resiste alguna nota de belleza.

En 2014 se publicó en la revista “Patience Preference and Adherence” un metaestudio de otros estudios sobre la efectividad de la terapia musical en distintas enfermedades. Estas fueron sus conclusiones:

MT treatment improved the following: global and social functioning in schizophrenia and/or serious mental disorders, gait and related activities in Parkinson’s disease, depressive symptoms, and sleep quality.

Lo mejor de la música, como citan en el estudio, es que no tiene efectos secundarios adversos.

Un meta análisis sobre los efectos de la música en gente mayor sugiere que ésta puede reducir los síntomas de la depresión hasta cierto punto. No obstante, los resultados fueron mejores en aquellas personas que se medicaban o seguían terapia. Os dejo el estudio aquí.

7. La inspiración

Surround yourself with those who lift you up. Y así todos los días. Yo no sé cuánto de cierto tiene esa otra famosa cita que asegura que somos el resultado de las cinco personas con las que más tiempo pasamos, pero sí sé que somos animales sociales y las emociones se contagian. Science dixit. Así que es fundamental saber rodearte bien y continuar buscando inspiración en aquellas personas que ya saben más que tú.

8. El merecimiento

Porque también somos animalillas y también merecemos estar bien para poder dar lo mejor de nosotras. Tan simple pero tan difícil a veces.

9. El sentido

A pesar de que es positivo alejarse de según qué ambientes y personas, seguir intentando encontrar aquello que le da sentido a tus días y comunicar desde ahí, es imprescindible. Levantarse por las mañanas y encontrar razones para seguir, si tenemos un sentido, cuesta muchísimo menos.

10. La productividad

Dice Neil Gaiman, a quien tantas veces he ido citando a través de mis redes y newsletters, porque sus libros y él son una maravilla, que cuando las cosas vayan mal: “make good art”. Y en eso estamos. La vuelta al trabajo del blog, por mucho que me cueste, es algo que quiero hacer por quienes ya me leíais, y por seguir aportando mi granito de arena en este mundo tan líquido y fragmentado.

Productividad también es compartir, sacar del armario Del-Qué-Dirán la problemática de la Salud Mental antes de que huela a naftalina.

Por eso es tan importante que referentes entre los jóvenes como son El Rubius o Alfred de OT hablen de forma tan abierta sobre su salud mental. En este artículo de Harpers Baazar hablan de ello. Pero mucho ojito con romantizar el sufrimiento. En este artículo de El País hablando de Rhodes dicen:

Que el mejor arte surge del peor sufrimiento. Rhodes está en desacuerdo: “Esa idea solo alimenta el estereotipo inmundo del genio cultivado por el artista torturado. Hay millones de personas que sufren horrores inimaginables. Muchos los superan y viven con dignidad. La creatividad no llega por el dolor, llega pese al dolor”.

No se trata de encasillarnos en el rol del artista atormentado, como dice Rhodes, se trata de intentar sanar a través de la creatividad, de vivir vuestras experiencias como queráis. Si, además, en el camino inspiráis a alguien, mejor que mejor.

También he cogido el hábito de volver al diario o hacer journaling, como se llama ahora. En este ratito de escritura, agradezco a diario todas las cosas y las personas que tengo en mi vida y voy reconociendo y celebrando los pequeños logros. Cuando la química de nuestro cerebro anda a por uvas, es imprescindible aferrarse a las pequeñas cosas que terminan por hacerse enormes si se practican con constancia, cuidado y dedicación.

Y, por último, aunque ya me ha quedado un post suficiente, vuestra gente. Vuestra manada, la de la buena, no de la que acosa, viola y mata. Vais a necesitarlas. Pedid cosas concretas: “mándame un audio” “¿nos llamamos?” “¿te importa hacer esto tú, que yo no me encuentro bien hoy?” y así. Ojalá tengáis la misma suerte que yo con mi manada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y ahora es vuestro turno: ¿habéis pasado o estáis pasando por una depresión? ¿Os animáis a compartir qué cambios habéis notado en vuestra comunicación personal? Os espero en los comentarios.


OMS. Programa de acción para superar las brechas en salud mental. http://www.who.int/mental_health/mhgap/es/  

OMS. Actividad física. http://www.who.int/mental_health/mhgap/evidence/depression/q6/es/

NIMH. The National Institute of Mental Health (USA). https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/depresion/index.shtml#pub10

T. Johnstone. M. Al-Mosaiwi (2018). In an Absolute State: Elevated Use of Absolutist Words Is a Marker Specific to Anxiety, Depression, and Suicidal Ideation. http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/2167702617747074

DEMİR DOĞAN, Melike. (2015). Effects of Laughter Therapy on Anxiety, Stress, Depression and Quality of Life in Cancer Patients. Journal of Cancer Science and Therapy. 7. 272-273. 10.4172/1948-5956.1000362.

Zhao, Kenny & Bai, Z. G. & Bo, Ai & Chi, Iris. (2016). A systematic review and meta-analysis of music therapy for the older adults with depression: Review of music therapy for elderly depression. International Journal of Geriatric Psychiatry. 31. 10.1002/gps.4494.

Kamioka H, Tsutani K, Yamada M, et al. Effectiveness of music therapy: a summary of systematic reviews based on randomized controlled trials of music interventions. Patient preference and adherence. 2014;8:727-754. doi:10.2147/PPA.S61340.