Primer post del 2019. Yo a lo mío, como siempre. Agradezco la paciencia por la ausencia prolongada, pero verás que he estado bastante liada con la campaña de Million Dollar Vegan. En este post me gustaría contarte, con un poco más de detalle profesional, cómo estoy consiguiendo sobrevivir al torbellino de emociones que supone estar envuelta en una campaña activa en 15 países a la vez y trabajando con un equipo tan dinámico, inteligente y activo como el que tengo.

La foto de absoluto amor y admiración a todas estas personas que han hecho de mi mundo, y del de muchas personas más, un hogar un poco más habitable.

Recuerda que cada viernes mando un newsletter para gente inconformista que trabaja en sus negocios, intentando hacer del mundo un lugar mejor. En el newsletter te explico cosas que en blog no verás. La cara B de mi negocio. Porque todas tenemos una historia que contar, y quizá puedas aprovechar trocitos de la mía para inspirarte o llevar la vida que quieras llevar dentro de las posibilidades que nos impone la realidad. Te espero en la home de este blog y al apuntarte recibirás un checklist con todos los básicos de tu comunicación para este 2019.

Pero no te vengo a hablar de la campaña como tal. No, señora. Vengo a contarte cuál ha sido la mejor decisión de 2018 con respecto a mi negocio. Tras pagar un curso de marketing – a pesar de haberlo estudiado en la carrera- de más de 1000€; haber relanzado la web; retomado blog y newsletter; y comenzado podcast, entre otras muchas aventuras más. La mejor decisión de todas, incluso por encima de Ingobernables, ha sido contratar a mi primera asistente virtual. Y que conste que ADORO Ingobernables, a todas las invitadas y la magia que se produce cuando subo un episodio y estáis ahí, escuchando y respondiendo, al otro lado.

Pero cuando estás en épocas tan oscuras como las que he pasado yo -para no echarte el rollo mirar aquí y aquí en caso de curiosidad-, necesitas un hada madrina. Igual la metáfora ya está trillada, pero es que necesito usarla. Y te cuento ya de quién se trata, que así le pones cara- y ojalá con lo que te cuente, le pongas también cerebro-.

Esta es Deborah Rodríguez, que ha venido a hacer de mi caos un espacio en el que no perderme. Al menos no sola.

La encontré por casualidad gracias a Elena Sacoe (Reina de Corazones Amarillos y Solete Supremo) y tras leer – todo- lo poquito que ya había subido a redes, supe que sí. Que no me lo iba a pensar más.

Así que sin tener mucha idea de cómo hacerlo, o de qué cosas iba a encargarse Deb, empezamos a charlar. Fue práticamente inmediato y hubo un tiempito de ajuste. En el que yo hacía carpetas de Drive y Deb básicamente le echaba paciencia a mis listas de emails, a los ratitos conversando y a la cantidad de claves que no conseguía encontrar. Dime, por favor, que tú también odias las puñeteras claves de internet.

Así que Deb se puso manos a la obra, un par de horas a la semana, porque mi mayor preocupación era poder pagarle todo el servicio sin ningún problema. Para eso hay que ser previsoras, pero como ella es autónoma y trabaja por horas con distintas clientas, pues mira qué bien.

¿Y de qué tareas se encarga? Igual te cuento de las que no y así acabo antes. Pero por hacer un resumen, y usar los bullet points que tanto nos gustan a todas, aquí van unas cuantas:

  1. Contestar emails con rapidez, destreza y amorcito. Sí que tuve que echarle una mano con el borrador que yo quería para la venta de las bolsas de Ingobernables, que pronto volverán a estar disponibles. Pero se apaña sola requetebién.
  2. Apañar citas: desde ir al médico a ir a renovar el pasaporte y el DNI, a decirte que no se te olvide hacerte la foto para el DNI, a actualizar todo lo que sea en tus calendarios de Google.
  3. Crear hojas de Excel nivel dios: desde ayudarme a organizar el seguimiento que hago de las apariciones en medios de comunicación con mis clientes, a montar una hoja de cálculo para ver las ventas de la web. Y es que no en vano mi hada madrina particular está terminando un máster y tiene un grado en matemáticas.
  4. Contabilidad: con esto empezamos ahora, así que aún estamos las dos probando y viendo cómo funcionar de la mejor manera. Tengo un programa que facilita las cosas un montón: el Contasimple. Pero se acuerda también de los tiempos en los que tengo que pedirle o enviar algo a mi gestoría.
  5. Buscar información: que ríete tú de Siri, Google o el MI5 buscando gente desparecida. ¿Lo pides? Lo tienes En la medida de las posibilidades reales, claro. Y de lo legal. No me atrevo aún a pedirle que robe un banco.
  6. Lidiar con machirulos. Mira. Este es mi punto favorito y no sabía si contarlo o no. Pero es que es mi hada madrina por algo. Como cuando a Carrie Bradshaw le cae en la segunda película de Sex n the City Louis de Saint Louis un poco como del cielo. Es exactamente así. Tiene actitud y no se anda con gilipolleces. Pero es que encima lo hace sin perder la sonrisa. Heroína.
  7. Sacar billetes. De avión, tren o entradas a eventos. Tampoco va a ponerse a acampar delante de la ventanilla de los tickets para que veas a tu grupo favorito, pero lo práctico lo tienes.
  8. Hablar por teléfono. Un minuto de silencio y de apreciación millennial hacia ella. Hands up. Esto me encanta. Y que conste que no tengo problemas en ponerme al teléfono con clientes o familiares y amigas. Pero esto de bregar con la gente y sus tiempos mientras tú puedes hacer tu trabajo es magia.

Igual hubiera quedado más rendondito como número que hubiéramos sacado 10, y seguramente haya cosas que se me están olvidando. Pero te puedo asegurar que en cuanto a negocio es la decisión más inteligente que he tomado y no me estoy arrepintiendo. Solo espero que en cuanto me pueda organizar financieramente mejor, me diga que “sí” a tenerla más horas conmigo.

¿Y cómo sabes si tienes que contratar a alguien o si estás en ese punto de tu negocio? Aquí te recomiendo mucho este post de Laura Ribas. En mi caso lo describe a la perfección: tenía la sensación de no llegar a todo, no sabía bien qué tenía que delegar, la gente no me comprendía porque encima que tengo trabajo “no me puedo quejar” y estaba muy quemada con todo.

Ahora puedo decir que estoy saliendo de una de las épocas más difíciles de mi vida y que tenerla a ella de soporte está siendo clave para poder seguir manejando activismo, profesión y vida personal con los niveles de ansiedad un poco más controlados.

Seguro que no nos sale todo perfecto, es posible que haya que ajustar cosas y tú también vas a tener que tomarte un tiempito de ajuste a tener una persona nueva en tu negocio. ¡Ah! Y estar cómoda con la sensación de que alguien pueda juzgar si tienes la bandeja de entrada de los correos hecha un desastre. Al día, pero desorganizada como la casa de los Banks cuando llega Mary Poppins.

¿Tú también has pensado en delegar tareas más administrativas o en contratar a una asistente virtual? ¿Lo has hecho ya? Me encantaría saber tu experiencia en los comentarios. Y si sabes también cómo coño podía pagarse Carrie Bradshaw un apartamento como ese en West Village solo escribiendo una columna semanal online, me lo dices.