Este martes 30 de abril lo adelantaba en el newsletter: el mundo no será de los tibios. Al newsletter te puedes apuntar aquí porque doy contenido gratuito que no cuento en el blog. Sobre todo aquello relacionado con lo que pasa entre bambalinas de un micronegocio de comunicación vegano, este. Vente que te espero. Lucía Martínez, de Dime Que Comes, también hablaba de ello en su blog a colación de algunos mensajes que le deben llegar de gente instándole a que se limite a hablar de nutrición y no hable de política. Las principales cuestiones en las que ahonda más Lucía, básicamente se resumen en que todo es política; que podemos usar nuestra influencia para arrimar el hombro del pensamiento crítico un poco más; y que ella en su blog y redes hablará de lo que le salga del coño. (Uy, ha dicho “coño”. Sí yo también llevo una temporada cansadita de las medias tintas.)

Hay muchos más ejemplos de empresas que se meten en política, como relata el periódico Cinco Días en este artículo, pero te traigo los tres últimos ejemplos a la española de tres marcas que se han posicionado en redes contra V8X: Netflix, Blackie Books y la propia Warner Bros. (Da grititos de alegría y baila un poco en la silla.)

Este ejemplo de arriba, de la editorial Blackie Books, fue publicado el otro día, justo antes de las elecciones en España, con la sombra del fascismo entrando por la puerta grande en el Congreso – no olvidemos que 24 escaños siguen siendo muchos escaños-. Está claro que Blackie Books, igual que Netflix más abajo, y ahora puede que la Warner, se buscan perder a más de 2 millones de clientes reales y potenciales entre su cartera de clientes.

¿Les importa? Posiblemente todas estas acciones estén más que medidas, tengan asesores que les guíen en cómo puede impactar en su cuenta de resultados y aún así parece que se la juegan.

Porque cuando dices lo que no quieres, automáticamente la gente que sí te quiere se identifica en oposición a eso. Y realmente es bonito, porque no está el mundo con esta crisis medioambiental y con tantas opresiones en el horizonte como para no andar trabajando con la gente que realmente queramos.

Soy consciente de que esto es un tema que da para mucho, pero mi punto principal en el newsletter de ayer era que para mí las empresas sin un fin social no deberían existir. Que las empresas tienen que ser un fin social en sí mismas, vaya. O estamos para hacer del mundo un lugar mejor, con soluciones tangibles a los problemas a los que nos enfrentamos, o aparta.

Y no, no hablo solo de afiliarse a partidos políticos, para nada. Cuando vas a una manifestación, estás haciendo política. Cuando eliges adoptar y no comprar un animal, también. Cuando decides pagar de forma justa a tus trabajadores o donar parte de tus beneficios a una ONG, también haces política- además de cumplir con la ley en el primer caso, obvio-.

La política no es ni más ni menos que las decisiones que nos afectan a todas como sociedad. Y cuando te haces vegana, estás asumiendo y declarando que las otras animales también forman parte de esa sociedad, ¿o no?

Como sé que la conversación tiene muchas aristas. Así que te dejo con unas cuantas preguntas para que puedas reflexionar sobre tu empresa.

  • Si lo hacen solo por dinero, ¿es igualmente válido?
  • Como sé que la conversación tiene muchas aristas. Así que te dejo con unas cuantas preguntas para que puedas reflexionar sobre tu empresa. Si lo hacen solo por dinero, ¿es igualmente válido?
  • Posicionarse políticamente, ¿puede traer beneficios económicos y de cuenta de resultados?
  • ¿Debemos hacerlo solo por ser coherente con nuestros valores y los de nuestro público objetivo?
  • ¿Crisis como la de Sojasun y Samantha Vallejo-Nágera nos enseñan que tenemos que mojarnos en asuntos como, por ejemplo, la tauromaquia?
  • ¿Hacer activismo es per se, hacer política?

¿Has encontrado respuesta? Son solo algunas reflexiones, pero desde luego, puedes hacer más, de eso se trata, de que tengamos una conversación.

Ah, una cosa sí que tengo clara: si te vas a mojar con el tema, más te vale asesorarte bien en comunicación porque una cagada en estos términos, puede acabar con años de buena reputación. En estos casos vale mucho tener en cuenta ese precavido “más vale prevenir…”.

En mi caso, por seguir mojándome con el tema y no andarme con tibiezas, te diré que todos mis valores los puedes encontrar en mi manifiesto. Que por supuesto que tengo mis contradicciones, cada vez más, porque el mundo no es una simple narrativa maniqueísta (buenos VS malos). Pero que voy a hacer todo lo posible porque esas fronteras entre lo personal, lo político y lo profesional se sigan desdibujando.

Tampoco soy ajena a que estar trabajando un 1 de mayo, con todo y lo mucho que nos ha costado conseguir nuestros derechos, puede ser visto por algunas como una aberración. Pero pertenezco a ese grupo vilipendiado y con tan pocos derechos como es el de los autónomos. Ésta, será nuestra Great War personal que en algún momento tendremos que librar, y para la que servidora se presta rauda a los micros y al teclado en caso de que haya que contar historias.

¿Tú qué piensas? ¿Cómo gestionas tú la política, o tus valores, dentro de tu empresa vegana? ¿Tienes claros cuáles son los límites y las cosas que no son negociables? ¿Sabes aquellos que sí?

Te leo en comentarios, en redes… o hablamos de esto en persona cuando nos veamos. Gracias por compartir el contenido si te gusta, recuerda que cada vez que promueves un micronegocio ético, una autónoma o emprendedora hace un bailecito en la silla (o encima de la mesa del salón, depende de lo entusiasmada que sea la reacción).

Salud, trabajo y feliz 1 de mayo.